Andrés Segovia

Conoció la guitarra desde niño, nació en Linares y siendo adolescente se marchó a estudiar guitarra a Granada.

Su familia no le ayudó a seguir el camino de la música, pensaban que era mejor que estudiase el bachiller y después se hiciese abogado. Andrés debía de practicar con su guitarra a escondidas para no ser reprendido por sus mayores. No es de extrañar, pues en aquellos años la guitarra española era considerada algo marginal, más propio de ambientes tabernarios y cosa de gitanos y bailaores. Nunca dejó de practicar día tras día aun siendo ya un reputado guitarrista y dedicaba al menos cinco horas diarias al instrumento.Dio su primer concierto a la edad de dieciséis años en la ciudad de Granada con un repertorio de partituras encontradas en bibliotecas y una adaptación de obras de grandes músicos.

A la vez que progresaba en su carrera y ofrecía recitales para audiencias cada vez mayores, descubrió que las guitarras existentes no producían el volumen suficiente como para llegar al público en grandes salas de conciertos. Esto le animó a realizar importantes contribuciones a la técnica (en cuanto a problemas de agilidad y fuerza de los dedos) y a la amplificación natural del instrumento.

Murió en Madrid a causa de una insuficiencia respiratoria a la edad de 94 años. Contrajo matrimonio tres veces y tuvo cuatro hijos.

Es reconocido como uno de los más grandes guitarristas del mundo. Con estas palabras de su autobiografía nos podemos imaginar su pasión por el instrumento y sus ansias por elevar el instrumento a la altura de otros como el piano o el violín.

“Desde mis años de joven”, escribió, “soñaba elevar a la guitarra de su triste nivel artístico en el que estaba. Desde entonces, he dedicado mi vida a cuatro esenciales tareas. La primera: separar la guitarra del prototipo de entretenimiento tradicional. Mi segundo propósito: dar a conocer la belleza de la guitarra al público del mundo entero. La tercera tarea: influenciar a las autoridades de conservatorios, academias, y universidades para que incluyeran a la guitarra en sus programas de enseñanza a la par con los de violín, chelo, piano, etc. Y mi cuarto objeto de labor: proveer un repertorio de alta calidad, construido por trabajos poseídos de un alto valor musical, de las plumas de compositores acostumbrados a escribir para orquestas, piano y violín”.

En este vídeo podemos ver a Andrés Segovia interpretando Asturias, una de las más sonadas y conocidas obras de Isaac Albeniz

Trabajo realizado por el alumno Ayman de la clase 6ºA de primaria.

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